La ilusión del concreto en el desarrollo del Deporte en el Perú
Martes 04 de agosto de 2026
16:15:31 PM
CHRISTIAN PAUL ALMEYDA ORELLANA
Ingeniero Electrónico (UNMSM) con más de 20 años en Telefónica del Perú y especialización en Marketing Deportivo (Toulouse Lautrec) y Gestión Deportiva (IDAT). Como Presidente del Comité de Basketball del Club Cultural Deportivo Lima y promotor formativo, lidero la articulación comunitaria, desarrollo institucional y eventos de la disciplina. Combino la planificación estratégica, la gestión tecnológica y los proyectos de IA con el patrocinio y la gestión de infraestructura deportiva. Mi objetivo es impulsar el desarrollo de organizaciones deportivas, academias y modelos de financiamiento sostenibles para el baloncesto y deportes multidisciplinarios en el Perú.
| LinkedinLa ilusión del concreto
Recientemente, tras leer las oportunas reflexiones planteadas en un artículo de José Luis Schenone acerca de cómo influye el trazado improvisado en los campos deportivos en el desarrollo del deporte nacional, comencé a cavilar sobre el impacto real que tienen las especificaciones y normas técnicas en el desarrollo de nuestras disciplinas deportivas. Decidido a observar cómo se plasma esta teoría en el territorio, realicé un recorrido de inspección por diversas losas públicas de Chorrillos, distrito de Lima Metropolitana en el que resido. Lo que encontré fue una constante que se repite en casi todo el país: rectángulos de concreto armado dotados de estructuras metálicas oxidadas que sostienen un aro sin red sobre un arco de futsal. En los reportes de inversión pública, estos espacios se contabilizan con orgullo como "infraestructura deportiva comunitaria". Sin embargo, desde mi perspectiva sobre la práctica del básquetbol moderno, deporte de mi preferencia y que tomo como ejemplo el presente artículo, difícilmente pueden considerarse instalaciones aptas para el desarrollo técnico.
Cuando una losa no basta para desarrollar el deporte
En la discusión pública sobre el deporte nacional, suele darse por sentada la equivalencia entre espacio físico e infraestructura deportiva. Al recorrer Lima o diversas provincias, es habitual observar miles de losas de cemento armado dotadas de estructuras metálicas que sostienen un aro sin red sobre un arco de fulbito. En los reportes de inversión pública, estos rectángulos de concreto se contabilizan como "espacios deportivos comunitarios". Sin embargo, desde la perspectiva del básquetbol moderno, difícilmente pueden considerarse instalaciones aptas para el desarrollo técnico.
Para los entendidos en el tema, la práctica del básquetbol formativo y competitivo requiere condiciones mínimas que resguarden la integridad física y el aprendizaje del deportista: superficies con niveles adecuados de absorción de impacto, rebotes homogéneos, tableros con la restitución adecuada e iluminación que no interfiera con la visión en el tiro. En el ámbito público local, este tipo de infraestructura especializada resulta sumamente difícil de hallar, quedando relegada casi en su totalidad al sector privado de clubes, instituciones educativas particulares o recintos de alquiler.
Considero que esta situación ha derivado en lo que denominaría una "masificación precaria": la tendencia a multiplicar metros cuadrados de cemento sin un criterio técnico adaptado a cada disciplina. Quien entrena en la rigidez del concreto aprende a convivir con botes erráticos y una exigencia articular constante. Desde mi lectura, cuando ese deportista busca dar el paso hacia la alta competencia, no solo enfrenta una brecha de talento o preparación física, sino la factura de años de memoria neuromuscular adaptada a una superficie inadecuada.
El problema también es técnico
A partir de la revisión de la documentación oficial disponible, se percibe que este fenómeno no se limita al básquetbol, sino que refleja un enfoque extendido en la gestión de la infraestructura pública deportiva. En mi búsqueda por los repositorios normativos del país, no he logrado identificar un manual técnico sectorial de infraestructura emitido por el Estado que regule de manera específica los estándares de diseño y materialidad por disciplina.
Lo que he hallado en el marco normativo —como la Norma A.100 del Reglamento Nacional de Edificaciones (Decreto Supremo N° 006-2014) o las pautas de infraestructura educativa del Ministerio de Educación— responde principalmente a criterios de arquitectura general, seguridad civil o espacios polivalentes de concreto. Es decir, desde la información pública accesible, la infraestructura parece abordarse prioritariamente desde la ingeniería civil y la capacidad de aforo, dejando en segundo plano las variables biomecánicas de cada deporte.
Al observar experiencias internacionales, como los manuales de la Normativa sobre Instalaciones Deportivas y para el Esparcimiento (España) o las guías de la American Sports Builders Association (Estados Unidos), noto un contraste significativo. En esos modelos, las especificaciones de las federaciones se integran a la inversión pública municipal. Mi opinión es que allá la masificación se ha entendido como la democratización de la calidad técnica, mientras que en nuestro entorno se ha priorizado la cobertura física, aunque esta sea técnicamente limitada.
Se entiende que, al proponer materiales sintéticos, tableros de policarbonato o recintos techados, surge una objeción comprensible desde la gestión pública: el riesgo de vandalismo, el deterioro por falta de mantenimiento y las complejidades en los procesos de contratación. Sin embargo, la respuesta ante la inseguridad no debería ser el abandono de la calidad técnica, sino la adopción de esquemas de diseño urbano preventivo y gobernanza comunitaria. La literatura internacional sugiere que el uso de materiales de alta durabilidad (como el polipropileno industrial), la iluminación adecuada y la transferencia de horarios a ligas locales o comités vecinales ayudan a que la propia comunidad preserve el espacio. La ocupación deportiva organizada suele ser una herramienta eficaz para recuperar el entorno urbano.
Asimismo, la vulnerabilidad en las contrataciones públicas no reside en la complejidad de los materiales, sino en la fragmentación de las compras locales. Un camino prometedor podría ser la estandarización mediante fichas de homologación centralizadas, permitiendo a los municipios adquirir insumos probados y con precios de referencia transparentes.
Cuatro propuestas para cambiar el rumbo
Lejos de pretender una crítica destructiva, interpreto esta situación como una oportunidad valiosa para que el Instituto Peruano del Deporte (IPD), en su condición de ente rector de la política deportiva nacional, asuma un rol orientador y transformador. En esa línea, pongo sobre la mesa cuatro ideas para la reflexión y el debate:
• Promoción de guías técnicas orientativas. Sería altamente provechoso que el IPD, en diálogo con las federaciones, elabore lineamientos técnicos recomendados para la infraestructura formativa, desaconsejando el uso de concreto expuesto en deportes de alto impacto.
• Estandarización de compras públicas. Impulsar la creación de Fichas Técnicas Estándar ante los entes correspondientes para facilitar a las municipalidades la reconversión de losas existentes mediante pavimentos sintéticos y equipamiento reglamentario.
• Exploración de Alianzas Público-Privadas. Considerar modelos donde el Estado coopere en el mejoramiento o mantenimiento de infraestructura en clubes o instituciones privadas, a cambio de la cesión programada de horarios para escuelas públicas, selecciones regionales o torneos oficiales.
• Programas de reconversión progresiva (Re-fit Urbano). Más allá de la edificación de grandes complejos, se podría explorar la adecuación progresiva del parque de losas existente, dotándolas de cubiertas ligeras, recubrimientos amortiguados y la participación activa de las ligas locales en su custodia.
Conclusión
La distancia entre el atleta peruano y el nivel competitivo internacional responde también a la calidad de la superficie sobre la cual se forma día a día. Confío en que, mediante la voluntad política, el uso de las herramientas de gestión vigentes y el liderazgo institucional del IPD, será posible iniciar un tránsito progresivo desde el concreto rígido hacia una infraestructura que verdaderamente impulse el desarrollo del deporte nacional.
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